Te has puesto a pensar que todo lo que haces, todo lo que dices y la manera en la que actúas es vista por quienes te rodean; y que, incluso, hay gente que te toma como su ejemplo o su mentor para decidirse a cambiar y/o transformar su vida.

Sin embargo, en muchas ocasiones actuamos sin medir las consecuencias y sin percatarnos que hay alguien observándonos. Nos dejamos llevar por la emoción que estamos sintiendo en ese momento, cualquiera que sea su naturaleza (ira o alegría), y actuamos conforme a eso, realizando actos que no nos dejan bien parados. Pero, sin duda, hay tiempo para corregir y enmendar el camino, el detalle es que estemos dispuestos a hacerlo.

Nuestros años mozos son años en los cuales nos damos permiso para vivir la “vida loca” pero, ¿hasta dónde nos lo permitimos? Se vale gozar y disfrutar de la oportunidad que la vida nos da día con día, pero hay que cuidar de no caer en los excesos. Los excesos, tarde que temprano, nos cobran la factura; lo que hagamos y estemos haciendo nos exigirá el costo de nuestras decisiones. De tal manera te pregunto: ¿estás orgulloso de lo que has hecho y de lo que hoy haces? ¿Te sientes satisfecho de tu posición actual? ¿Te has arrepentido de algo?

Analiza cómo estás y qué te ha costado para lograrlo. Si te sientes bien y si realmente presumes con orgullo tus logros, y si llegara haber algo que no te gusta, más que avergonzarte y recriminarte por ello, aprende la lección y saca lo mejor de esa situación, porque como dijera el sabio Confucio: “Errar sin corregirse, es errar”. Aprendamos de nuestras equivocaciones y errores; en ellos hay una lección que aprender, misma que nos debe llevar a no repetirlo.

La vida es una sola. No desperdicies la oportunidad de trascender y dejar huella en nuestro paso; procuremos hacer lo mejor en todo lo que hagamos, siempre esforcémonos y seamos valientes para enfrentar los retos que la vida nos presenta y sintámonos orgullosos de la vida que nos fue dada. ¡Es el mejor regalo que se nos ha hecho!

 

Tu amiga quien te quiere,

Mary Millán.