“¡Improvisa, improvisa!”…Alguna vez, en nuestras vidas, hemos escuchado esa palabra: Improvisa; pero, te digo algo, quizás hemos equivocado su concepto, hemos mal interpretado la esencia de dicha palabra. Improvisar no significa a ver qué me saco de la manga para superar tal situación o a ver qué me invento para salir de ésta. En realidad, improvisar hace referencia a la capacidad de respuesta inmediata que tenemos para resolver lo que se nos presente en el día a día.

¿Cuántos de nosotros hemos dejado pasar una oportunidad porque no tenemos lo necesario para aprovecharla? O, ¿cuántos de nosotros la hemos regado, en diversas situaciones, por no responder eficazmente a lo que se nos solicitó? Yo creo que a varios nos ha pasado; pero el punto aquí es que entendamos que es un error creer que improvisar es actuar por actuar, hacer las cosas a la ligera, actuar con inmediatez pero sin fundamento o hacer las cosas rápido pero mal hechas.

Improvisar es hacer las cosas al momento, es responder en forma rápida pero con la seguridad de que así son las cosas. Improvisación no es lo que haces, sino el cómo lo haces; es la manera en la que enfrentas el reto que se te ha presentado, y para que tu capacidad de improvisar (porque en realidad eso es: CAPACIDAD) sea eficaz y eficiente, tienes que prepararte constantemente, todos los días. Tienes que estar determinado en adquirir el conocimiento, las habilidades y las herramientas, las cuales te permitan ser mejor en lo que haces. No basta con lo que ya sabes y lo que dominas; al contrario, debes de salir de tu zona de confort y buscar la manera de agregarle valor a tu persona, de convertirte en la mejor versión de ti mismo y salir a la conquista de tus sueños.

Si lo haces, te aseguro, estarás caminando hacia el éxito, estarás apto para lo que venga y lo que hagas tendrá el sello de garantía de haberlo hecho bien y a la primera.

No improvises; mejor prepárate y descubre tu valor en tus acciones.

 

Con el cariño de siempre, tu amiga Mary Millán.