En ocasiones hemos escuchado frases tales como: “Si la vida te da limones, aprende hacer limonada” o “Si la vida te da la espalda, agárrale las pompis”, y otras más, parecidas entre sí, y con la intención de que veamos las cosas desde otra perspectiva.

Y es que, al cambiar de enfoque la realidad que estemos viviendo, parece nada, pero sí logramos vislumbrar las cosas de mejor manera. El punto es que tú no te detengas, que sigas avanzando a pesar de las circunstancias que te rodean. Que sigas tus convicciones y principios, que escuches a tu corazón, a tu intuición y que, si llegas a equivocarte, no te quejes del error sino que aprendas de ello.

 

A nadie tendremos contento con nuestros hechos y acciones, siempre seremos objeto de críticas (para bien o para mal). Con el único con el que tienes que quedar bien es contigo mismo. No escuches a aquéllos que no han arriesgado nada, a aquéllos que no han sido capaces de transformar su vida; a los que te dicen que no vas a poder, a los que no te aportan nada para avanzar hacia lo que tú quieres.

Si son capaces de hablar a tus espaldas, de mandarte “mala vibra”, de hacer cosas para que tropieces, de convertirse en obstáculos para detenerte, hazte a un lado y aléjate lo más pronto posible.

Tú ya llevas trecho por adelantado, tú ya te atreviste, ya marcaste la diferencia y estás en el mejor lugar: estás al frente. Déjalos donde ellos se encuentran: atrás de ti. No le des crédito y no permitas que te roben tu paz y apaguen tu luz.

Tú naciste para brillar y eres un ser original, no lo olvides. Ámate tal y como eres, y conquista, con tu esencia, tu propio puerto.

 

Con amor,

Mary Millán.