Sabia virtud de conocer el tiempo… palabras que encierran una gran verdad. ¿Quién de nosotros sabe lo que realmente es el tiempo? ¿Quién inventó la manera de medir el tiempo por semanas, meses, años, días, horas, minutos segundos? Reloj injusto, ¿por qué me torturas? ¿Por qué me engañas y me haces correr a prisa o morir lentamente?

 

Y pareciera que así actuamos los seres humanos; no hemos comprendido que el tiempo es un regalo que nos ha sido dado para que lo valoremos y lo disfrutemos de la mejor manera. Sin embargo, es lo que menos hacemos; pues nos entregamos a los afanes del día y nos olvidamos de vivir los momentos que nos regalan felicidad.

 

Tiempo, no seas hostil conmigoenséñame a disfrutarte, enséñame a entender tu noción; ayúdame a comprender que no eres lineal, sino que eres relativo. Que las mejores cosas llevan tiempo; porque si no invierto en ti, lo que obtendré serán cosas superfluas y vanas.

Tiempo, no seas hostil conmigo… y espera un poquito más. Dame la oportunidad de apreciar la vida misma. De ver un nuevo amanecer, de disfrutar los días soleados, los días de lluvia…de reconocerte en la cara de un niño y en la experiencia de un anciano, de asombrarme en la germinación de una semilla, en la dulce espera de una nueva vida, en la caída de un atardecer o en la aparición del alba.

Tiempo…regálame más tiempo y transitemos juntos el camino de la vida; vayamos de la mano y encontremos el valor y la esencia de las cosas, de las personas, de la divina Creación. Sé mi Maestro y dame la paciencia para saber esperar los tiempos justos en mi vida. Aleja de mí la ansiedad y desesperación que, en vez de ayudarme, provocan en mí que tome decisiones quizás locas, quizás innecesarias, quizás equivocadas.

Sé mi aliado…sé mi amigo, que yo prometo honrarte en todas mis etapas. A dejarte que me acaricies con la aparición de mis primeras arrugas, de mis primeras canas, de la disminución de mis fuerzas, de mi piel ya no tan tersa ni tan lozana…pero con la dignidad y el orgullo de haber vivido con fe y determinación…aceptando mis vivencias, atesorando mis recuerdos y soltando mis apegos; para que al final de mis días, tal y como lo expresó el poeta Amado Nervo, diga: “Vida nada me debes, vida estamos en paz”.