¿Cuántas veces hemos escuchado la ya tan conocida frase de: “El hubiera no existe”? Muchas, ¿verdad? Pero, aunque parezca sorprendente, la respuesta está equivocada; porque en efecto el hubiera sí existe. Y existe porque si yo me hubiera decidido, por ejemplo, casarme en una playa, mi boda hubiese estado rodeada de olas, conchas y estrellas de mar; pero no, mi boda fue un casamiento tradicional, en un pequeño restaurante, en compañía de nuestros familiares y amigos cercanos.

El hubiera sí existe porque ejerce influencia en nuestro entorno y estado de cosas. Nos hace sentir, en ocasiones, frustrados o salvados de alguna situación extraordinaria. ¿Cuándo nos hace sentir frustrados? En momentos como éstos:

  • Si le hubiera dicho que me gustaba, tal vez sería mi novia.
  • Si hubiera dicho que sí al trabajo, hoy tendría el ascenso.
  • Si hubiera ahorrado lo suficiente, me puede haber comprado lo que yo quería.
  • Si le hubiera pedido perdón, hoy estaríamos juntos.

Y, ¿en cuáles nos salva de eventos fortuitos? Tales como:

  • Si me hubiera ido por esa calle, habría sufrido del asalto que hubo.
  • Si le hubiera que dicho que sí me quedaba a trabajar después de la hora, no hubiera podido salir con mis amigos.
  • Si lo hubiera aceptado como esposo (a), hoy, sin duda, estaría divorciado (a).

Como se puede apreciar, el hubiera merece todo respeto y merece que se le tome en serio. Si no tenemos la suficiente madurez emocional, nos puede afectar en el hecho de no querer aceptar nuestra realidad.

Tenemos que aprender a disfrutar los momentos que la vida misma te regala…vívelos y construye mejores. No te quedes con las ganas.

Apasiónate en lo que hagas. Enamórate de tu propia versión. Deja que la vida te despeine, porque lo mejor de ella alborota tu cabello: hacer el amor, correr, saltar, reírte a carcajadas, rodar por el pasto, viajar con la ventanilla del auto abajo, y mucho más.

Goza y no dejes que el hubiera te robe la dicha de vivir.

Con cariño,

Mary Millán.