Haciendo una analogía del poema de Ernesto Cardenal, podremos decir que: Al perdonarte yo a ti, tú y yo hemos ganado: Yo porque te he perdonado, y tú porque me has perdonado más. Pero de nosotros dos, tú ganas más que yo: porque yo podré perdonar a otros como te he perdonado a ti, pero a ti no te perdonarán como lo he hecho yo.

El perdón, sin duda alguna, es un regalo que más que otorgárselo a la persona que nos lastima u ofende, es un regalo en la existencia de cada uno de nosotros. ¿Y por qué es un regalo para nosotros? Porque cuando nosotros decidimos perdonar, dejar de lado la ofensa que se nos hizo; cuando decidimos olvidar las palabras hirientes, las malas caras, los malos gestos, las groserías o, incluso, hasta la violencia física que hayamos sufrido, somos nosotros quienes nos liberamos de ese sentimiento tóxico y dañino que va menguando nuestra vida.

Al perdonar a quienes nos ofenden, realizamos un verdadero acto de heroísmo y de valentía. Este acto se convierte en una verdadera hazaña, en todo un episodio que desencadenará que los lazos que nos mantenían unidos a nuestros victimarios, se rompan y seamos liberados de todo sentimiento de odio y rencor.

El perdonar nos hace libres y permite que nos vaciemos de todo mal; el perdón deshace todo lo que nos hace daño y deja espacio para que el amor, que todo lo puede, todo lo soporta, todo lo sufre; inunde nuestro corazón y todo nuestro ser experimente la sanación emocional que nos permitirá abrirnos a nuevas emociones y sensaciones.

Es necesario que perdonemos y seamos perdonados. Haz el esfuerzo y verás que la recompensa es mayor de lo que te imaginas. A esta vida vinimos a ser felices y no andar por ahí cargando equipajes que no nos corresponden. Todo lo que vivimos, y todo es todo, es necesario que lo experimentemos, porque esas lecciones de vida nos brindarán el aprendizaje que necesitamos para que seamos moldeados de acuerdo al Plan Divino.

No te resistas, no te quejes…sólo acepta y aprende. Hay un propósito y siempre hay un para qué. Ya no te preguntes: ¿por qué a mí? ¿Qué hice? ¿Por qué me castigan de esta manera? Mejor di: ¿para qué estoy viviendo esto? ¿Cuál es el siguiente nivel?

Conecta tu mente y tu corazón y empieza a perdonar a quienes crees te han hecho daño; perdónate tú por permitir que eso sucediera; por engancharte con cosas que no valían la pena. Perdona de corazón y pide perdón, porque también hemos dañado, hemos lastimado. Libera y libérate de aquello que te aprisiona y no te deja ser feliz. Suelta y deja que ese sentimiento de paz, de tranquilidad, de amor inunde todo tu ser y fluya en armonía con lo que te rodea.

Date una nueva oportunidad y vibra en amor…perdona, porque tus ofensas ya han sido perdonadas. Solo ama y vive, de eso se trata la vida…de vivir, de existir, de sonreír. Todo pasa…nada es para siempre y hay que disfrutar de los momentos y de las personas que la vida misma nos regala, hasta el perdón. Acepta el presente y disfrútalo, lo mereces.

Con cariño, tu amiga:

Mary Millán.