¿Sabías que tú puedes arreglar tus emociones?
¡Qué tú eres la única persona que puede decidir qué te afecta y qué no!

Así como arreglamos algún desperfecto en nuestra casa, o alguna cuestión en nuestro centro de trabajo; así podemos hacerlo en nuestra propia persona.

Para lograrlo, primero tienes que agradecer por lo que tienes y también por lo que quieres. En este punto, aún no alcanzado tu deseo, tú tienes que actuar como si ya lo tuvieras entre tus manos o como si ya lo hubieses conseguido.

Alégrate, disfruta primero. Gózate primero. Esa actitud de triunfo va a marcar la diferencia.

Cuando adquieres la actitud correcta, ésta te impulsa a moverte; a darle acción a tus deseos y, ¿qué crees? ¡Va a suceder!

¡Sí, así de simple, así de fácil! Eso que tanto deseas y que tanto anhelas, se va hacer realidad. Sólo un favor: ¡No te rindas! ¡No abandones a la mitad tus sueños! No permitas que la emoción que te embargue te ciegue de tal manera, que te paralice y no continúes con lo que tanto anhelas.

Durante el trayecto, te embargarán emociones de alegría, de júbilo; pero también, vas a sentir desánimo, opresión, apatía. Sin embargo, muy a pesar de ello, debes de continuar, debes de seguir, debes de avanzar.

La emoción es pasajera, pero la determinación permanece.

Cultiva la constancia y elimina los enemigos de la mediocridad.

Tú tienes el poder. Tú tienes la decisión de construir tu proyecto de vida, es tu responsabilidad y de nadie más.

Así que de ahora en adelante, construye tus emociones. Emociones sanas y positivas que sean un puente entre lo que sueñas y lo que logras.

Tu estilo de vida será el reflejo de lo que has determinado conquistar.

 

Sinceramente, Mary Millán.