La vieja carta de un amigo, los moños que usabas cuando niña, el vestido de la muñeca favorita, el juego de té que te regaló la abuela, la primera bicicleta comprada por papá, los amarillentos cuadernos de la escuela, la nota del chico que te cautivó…Sin duda, son lindos recuerdos; pero lo más bello en ellos no es guardarlos y dejar que el moho, el hollín o el polvo hagan estragos en su forma física, sino, más bien, atesorarlos en nuestra mente y en nuestro corazón.

Hay que estar PREPARADOS para dejar ir lo viejo y abrirle las puertas a lo nuevo que está por llegar. Tenemos que APRENDER a vivir con nuestros recuerdos, pero sólo de forma efectiva emocionalmente hablando. Aquéllos que impliquen vivencias dolorosas o desagradables, ENFRENTARLOS Y SUPERARLOS.

Hay que hacer las paces con nuestros MIEDOS; ellos, al final de cuentas, nos ayudan a ser NOSOTROS MISMOS.
Y de seguro te estarás preguntando y, ¿cómo es eso? La respuesta es la siguiente: cuando estoy consciente de ellos y realmente QUIERO SUPERARLOS, haré todo aquello que sé y que me han dicho para enfrentarlos. Tendré un CORAZÓN DISPUESTO a cambiar y una MENTALIDAD POSITIVA para cumplir con mi compromiso de cambio.

Sólo de esa manera estaré lista para soltar, para dejar ir, para fluir en paz. Y cuando lo estás, tu cuerpo lo sabe y tu mente también; tu cerebro recibe las señales y es, en ese preciso momento, cuando te llegan los pensamientos de: “es tiempo de limpiar”. ¡A desempolvar se ha dicho!

Así que, no lo dejes para después. El tiempo es AHORA. El momento de ACTUAR llegó, hazlo y SÉ FELIZ.